Antropología y Ética cristianas

Una característica de la filosofía del siglo xx es el “giro antropológico”. Frente a la tesis nominalista de que “el arquetipo del hombre se deshace” (Wilhelm Dilthey) la antropología cristiana adhiere a la posibilidad de una determinación esencial del hombre. Esto debe probarse filosóficamente no sólo frente a concepciones escépticas o nominalista, sino también frente a concepciones reduccionistas sobre la relación del hombre con el mundo y consigo mismo.

 

La pregunta por el hombre no ha de separarse en cuanto pregunta filosófica de la pregunta por el significado último del ser. Sólo se la puede responder si al mismo tiempo se dice lo que puedo conocer, lo que debo hacer y lo que puedo esperar (Kant). Puesto que el hombre se distingue de todos los otros seres en que pregunta por la verdad como alguien que espera, y responde esa pregunta según sea su vida. Allí se muestra ya una primera conexión entre religión, ética y antropología, conexión que ha de ser determinada más concretamente.

 

La respuesta cristiana a la pregunta por el hombre puede ser resumida en la afirmación de que el hombre es imagen de Dios por su naturaleza espiritual, por al cual es capaz de relacionarse con la realidad del todo, así como a su origen en Dios, mediante el conocimiento y el amor. Una antropología cristiana puede relacionarse filosóficamente con el ser natural del hombre, que ha de determinarse luego por la teoría de la acción en cuanto a sus condiciones de realización internas, y por la filosofía del derecho en cuanto a las externas. Por consiguiente, todo deber ser justificado moralmente y toda prohibición tiene su fundamento en el ser y en la esencia de la persona humana.

 

En tanto que el despliegue de las posibilidades ontológicas del hombre dependen del uso correcto de la libertad, ya en la antropología precristiana se formula la relación entre el ser y el obrar como una doctrina de las virtudes. Las cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, son desde la Antigüedad la forma fundamental de una doctrina sobre el ser y el deber del hombre, que mira ante todo al poder-obrar efectivo. Su actualidad ha sido redescubierta recién el siglo pasado, en atención a los fundamentos naturales de la doctrinas teologales: fe, esperanza y amor (Josef Pieper). Y también cuando en la filosofía del derecho se recurre a la relación entre ser y deber ser para la fundamentación de normas de la acción, la idea de la intangibilidad de la dignidad humana y de la obligatoriedad previa al Estado de los derechos humanos fundamentales, que ha sido formulada recién con el Cristianismo, sólo puede separarse de la idea del como imagen de Dios cuando se ha perdido su consistencia teórica y práctica.

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Josef Pieper (1904-1997) fue Profesor de Antropología Filosófica en la Universidad de Münster, miembro de varias Academias y recibió numerosos premios y distinciones, entre ellas el Premio Balzán por sus logros sobresalientes en el ámbito de las ciencias humanas. [más...]

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